13.10.13

Caramelos de peluquería

Son esos caramelos masticables de papel blanco combinado otro color, depende el sabor. Verde de limón, violeta de ananá, rosa de frutilla, naranja de naranja, y creo que no había más. El de ananá por dentro era blanco, pero el rosa y el naranja eran de sus colores correspondientes, y el verde de un amarillo horrible. Tenían olor a remedio y a colorante y gusto ácido, todos bastante parecidos. A mi me gustaba el de limón. Muchas veces estaban viejos y se ponían duros, quizás del frío. 
Hay una angustia determinada que tiene el olor de ese caramelo. No se puede probar el sabor de la angustia, yo no me atrevo, pero arriesgaría que es un poco más amarga, pero igual de pegajosa. La impotencia de no disfrutar el único juego permitido entre miles posibles pero no pensables no es algo que pueda explicarse con conceptos. Pero no es que sea complejo. Es simplícimo. Pero está lleno de tabúes, de cosas que sólo está permitido metaforizar mediante caramelos. Porque, por favor, dejemos de pensar que existe algo como la mente abierta, en este encierro donde lo primero que se busca hacer con cualquier escapatoria es legalizarla.

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