2.5.14

Lágrimas de ficus

Teníamos otros objetivos para la mañana pero se terminó. Comimos choclo y tomamos café. Me invitaste a leerte un libro en voz bajita, pero en sueños, y en sueños también hiciste una lista donde estaba todo menos yo. Ya me escapé  y ahora fantaseo con que vos te escapes, pero en los segundos que pasan entre que te despertás y abrís los ojos, me imagino que coincidimos y que con un diálogo inverosímil de novela brasilera nos empezamos a querer, de formas que no pueden los ficus ni las amebas. Te enoja que yo diga que soy un ficus y una ameba. Hay un mensaje en mi bandeja de entrada que me va a tener que encantar. Todo lo que dice me encanta, y es así. Es un encanto objetivo. Contesto. Me río. Se ríen. Y pongo una cara triste. Todavía no me puedo reír en otro lado. Sueño que me lees tu lista. Si me pusiera seria, te tendría que matar. Te regalo más sonrisas de pescado melancólico, que son lo que hay. Tiro risas digitales como para pensar que no soy hielo. Miento mucho. No sé como echarte de acá. 

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